martes, 26 de noviembre de 2013

Capítulo 2

Grickter se despertó de un sobresalto en su pequeño cubículo asignado. Los retazos de un sueño demasiado real se disiparon en su mente aún más rápido que una bala en el suelo del mercado del Reik. Como era demasiado pronto, se puso a revisar sus notas para la presentación de su idea.

Cuando llegó el momento, el hómino se duchó con parte de su ración mensual de agua tratada. Un día es un día. Se puso su uniforme de climatólogo y ensayó su discurso una vez más frente al espejo de la puerta.

Al salir cerró su hogar con la pulsera con su chip identificativo. Ningún hómino las llevaba subcutáneas desde que las pistolas de inyección dejaron de funcionar. Callejeó de memoria por esos pasadizo tan familiares. Antes de ver la Avenida Central del Nivel 7 la sintió retumbar bajo sus botas. El creciente murmullo del despertar de la ciudad le acompañó todo el trayecto hasta tenerlo frente a sus ojos.

Cientos de personas se dirigían a los ascensores de nivelación. Infinidad de almas que día tras día realizaban el mismo cometido, sobrevivir un día más. Grickter se entregó al río bullicioso de la ciudad. Tenía aún más tiempo del que necesitaba.

Continuó elaborando su idea incluso cuando la marabunta de gente le llevó por galerías para nada convenientes dado su destino, pero decidió arriesgarse. Al poco de llegar al Nivel 10 ya percibió la inconveniencia de su abrigoso atuendo. La temperatura aumentaba conforme la ciudad se adentraba como virus terminal en la célula de la tierra.

La Avenida Central del Nivel 10 estaba cerrada esa mañana. Sucesos como este eran comunes en la rutina del climatólogo. Ya se enteraría con la prensa de mañana qué grupo sectario había decidido suicidarse esta vez.

Cuando por fin llegó al Instituto el sol eléctrico del nivel no había salido, sin embargo sus colegas ya estaban allí. Tomo asiento conforme a su rango y esperó pacientemente su turno.

El Catedrático Climatólogo tomó la palabra en primer lugar.

- Estimados colegas, abrimos esta reunión de excepción para elegir sucesor del Climatólogo de primer nivel el Doctor Lesthar Rentbrick, número de permiso 193.428 cesado por suicidio.

A continuación el venerable anciano pasó a enumerar todas las tareas que, como Climatólogo de nivel uno, el sustituto deberá hacer. Grickter era perfectamente consciente de los entresijos del puesto, no en vano había pasado sus últimos cuatro años estudiando bajo la protección de uno de ellos.

Lo que más ansiaba era el poder que conllevaba. El Catedrático jamás mencionaría las ventajas que suponía el cargo. Omitiría tácitamente cualquier referencia a la libertad y acceso a recursos de primer régimen científico a sabiendas de que todo su público pensaba únicamente en ello.

Por lo visto, el pobre diablo que había dejado su plaza libre no se llevaba bien con su superior, el mismo que ahora, con voz monótona, continuaba enumerando responsabilidades. Había renunciado enfurecidamente a su cargo por una disputa aún desconocida y al día siguiente se perdió en la Tormenta Blanca.

Su comportamiento no fue extraño para la sociedad de Protos. Todos los días había alguien que, cansado de luchar y esperando un cambio que nunca se materializaba, se pegaba un tiro en boca, se envenenaban o salían fuera de la cúpula para nunca volver. Esta vez le había tocado a un reputado científico. Qué se le va a hacer. Donde unos pocos veían una pérdida irreparable, muchos otros veían ahora su oportunidad. Y Grickter era uno de ellos.

Escuchó fingiendo interés el discurso de los candidatos previos a él. Planteaba cuestiones complejas para intentar dejarlos en evidencia. El indeciso aspirante le lanzaba miradas cargadas de odio, pero así era el juego. Cuando llegó el turno de Grickter la situación poco cambió.

- Ya hemos escuchado diecisiete historias. ¡Diecisiete! Y todas ellas tienen un punto en común. Es más, me atrevo a decir que las dos restantes también, y ni si quiera conozco a los candidatos después de mí.

"Si yo me convierto en uno de ustedes, venerable jurado, dedicaré mis esfuerzos en avanzar en aquello que nadie ha intentado durante los últimos siglos. - Entonces un murmullo de incertidumbre empezó a recorrer la sala - Algo que durante más de un milenio representó nuestro verdadero espíritu de supervivencia, nuestr... - El murmullo se convirtió en un corto abucheo que el Catedrático no tardó en zanjar con golpes de su bastón.

- Como iba diciendo - retomó Grickter-  algo que en sí mismo nos definía como raza. Algo que hoy en día está, y lo podemos ver claramente en esta sala estimado jurado, rozando la paradójica herejía científica. 

- ¡NO ES ASÍ! ¡ESTÁ DEMOSTRAD...!

- ¡ORDEN! Candidato número seis, si le vuelvo a oír en lo que queda de proceso está descalificado automáticamente. Un Climatólogo de primer nivel ha de saber escuchar, razonar, meditar su respuesta y exponerla científicamente, y usted no da buen ejemplo de nada de ello. Si valora su futuro, cállese.

El Catedrático Ginpol podría no compartir las ideas de cambio de Grickter, pero sabía poner a la gente en su sitio cuando era necesario. 

- Retomo mi defensa donde la dejé, les pido un poco más de paciencia. En mi camino a esta sala he visto veintitrés ciudadanos como nosotros que voluntariamente decidieron estamparse contra el suelo al dejarse caer desde lo alto del Palacio de Justicia. Todos en esta sala hemos visto imágenes similares meses tras meses. 

"Ya se cuentan por centenares los cultos que tienen a la cúpula por una especie de dios protector, o al sol eléctrico por fuente de vida y redención. Los suicidios en masa ya son tan frecuentes como los individuales, y eso que el año pasado tuvimos más de seiscientos casos.

"Llevamos décadas sin tener noticias de las ciudades más allá de la 43. Nuestro comercio con las vecinas decrece año tras año. Continuamos moviéndonos por el ecuador, y no salimos de esa franja de quinientos metros al norte y al sur, sin embargo cruzamos cientos de kilómetros al este y oeste para comerciar.

"Y yo os digo ¿dónde quedó nuestro espíritu aventurero? ¿cuándo decidisteis rendiros? ¿Qué día tirasteis la toalla? Porque ese día moristéis sin saberlo. ¡Vamos al Norte! ¡Vamos al Sur! Nos morimos. Aunque nos cueste reconocerlo, esto ya está acabado. Las ciudades morirán pronto y nosotros con ellas. La purga que nosotros comenzamos habrá concluido.

"¡Adaptémonos! Tenemos que adelantarnos, explorar y adaptarnos. Propongo centrar mis recursos en esta meta estimado jurado. Eso es todo.

La desaprobación era evidente. Grickter se había preparado mentalmente para el rechazo. Pero aquello lo abrumó. Se dio cuenta de las implicaciones de sus actos. Los compañeros de trabajo, que siempre habían sido amables, veían ahora la verdadera cara del rebelde. Y lo repudiaban.

Estaban demasiado acostumbrados a su trabajo, a no cuestionarse los conocimientos que su predecesor les había pasado. La falta de cuestionarse la realidad les había adormecido la mente. Temerosos de perder su estatus, desaprobaban todo lo que implicase un cambio en su rutina.

Grickter se dio cuenta que pasara lo que pasara su vida laboral iba a cambiar. Si salía elegido tendría que lidiar con unos subordinados rebeldes que no le respetaban en absoluto, y si no conseguía el puesto sería repudiado dentro de su propio nivel. 

Como para demostrar lo acertado del último pensamiento, sus por ahora compañeros comenzaron a hacerle preguntas insidiosas.